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¿A qué jugamos hoy?

9 julio 2009

Ledezma termina su huelga de hambre. Lo sacan en camilla directo para la clínica. La gente en los alrededores canta el himno nacional. La escena no deja de parecer un poco cursi, debilita un poco el “logro” que finalmente alcanzaron.

Ledezma fue alcalde del Municipio Libertador en la era AC (Antes de Chávez) y realmente no puedo recordar los logros de su gestión. Lo anterior tal vez se deba al poco interés que generaba la política a aquéllos que nos tocó vivir nuestros años adolescentes en la era AC.

Particularmente, Chávez y los debates correspondientes entraron a mi vida cuando contaba quince febreros; lo que suena un poco novelesco, pero quienes viven en Venezuela no podrán negar que el personaje, tal vez sin proponérselo, se ha encargado de saturar la vida nacional desde muchos ámbitos y con una fuerza apabullante alimentada por los medios, sean oficialistas o de oposición. Lo cierto es que a mí la política me importaba un rábano hasta que lo conocí. Desde entonces, hace diez años ya, ha sido el artífice, showman, maestro titiritero, novia del equipo de softball, candidato único e irremplazable y protagonista principal de todos los procesos políticos que se han ¿organizado? en el país.

La era AC se podría resumir con la palabra desentendimiento o, la más contemporánea, ni-ni. Lo que hizo (o no hizo) Ledezma no tiene importancia, somos el país sin memoria.

En el 2008, para bien o para mal, Ledezma obtuvo la mayoría de votos para convertirse en el flamante Alcalde Mayor, puesto ideado por el gobierno de Chávez, que rápidamente cambió de opinión y consideró, en vista de la inminente derrota electoral en territorio metropolitano,  que ese puesto no necesitaba tantas funciones. Funciones que fueron forzosamente traspasadas a la Jefa de Gobierno del Distrito Capital (JGDC), figura esta que se rechazó por votación popular pero que luego se aprobó por medio de la promulgación de 26 controversiales decretos leyes (conocidos en conjunto como el paquetazo).

Es entonces cuando la diversión comienza. Ledezma, a cargo de una oficina sin presupuesto, tiene que pagar la nómina salarial de de la Alcaldía Mayor. La JGDC señala que los fondos fueron depositados. La Alcaldía dice que ellos no son Leopoldo López, que a ellos no los van a inhabilitar por usar fondos que fueron asignados para otros fines. La JGDC piensa “¡tsk! no cayeron”. El alcalde decide empezar una huelga de hambre (si le funcionó a Evo, me funciona a mí) para exigir sus reales y, de paso, aprovecha que Insulza está con eso de los golpes de estado para reclamar que a él también le dieron uno y no le pararon media pelota. Después de 127 horas de tener al alcalde a fuerza de pura agüita, la JGDC decide que no quiere mártires y deposita los reales. Insulza, cansado del chalequeo de que le tiene miedo a Chávez, se compromete a analizar la situación. Ledezma, unos cuantos kilos más flaco, en rumbo directo a la clínica.

Ya pasó el clímax, pero otro no tardará en llegar. Espero con ansias los insultos proferidos en cadena nacional dirigidos a quien ose inmiscuirse en los asuntos internos de Venezuela (léase bien “Venezuela”, esto no aplica a ciertos países centroamericanos). Mientras tanto, no creo que se me dificulte encontrar otra situación insólita para distraerme. Después de todo, vivo en la tierra de lo posible.

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